POLO positivo aborda la innovación abierta en el Foro Transfiere 2026

En nuestro post sobre el calendario del emprendedor ya lo adelantábamos: febrero es el mes donde la innovación deja de ser discurso y se convierte en conexión real. No es solo el inicio del año en términos de agenda; es el momento en el que se activan dinámicas, se alinean estrategias y se generan conversaciones que marcarán el rumbo de los próximos meses.

Los días 24, 25 y 26 de febrero Málaga ha acogido una nueva edición de Transfiere, el gran foro español de transferencia de conocimiento entre ciencia, empresa y administración. Un espacio donde se habla de I+D+i, financiación, colaboración público-privada y tecnología, pero sobre todo de cómo llevar el conocimiento al mercado con impacto real.

Más allá del evento: qué significa transferir hoy

La transferencia ya no es un proceso lineal universidad-empresa. Hoy es una arquitectura compleja de colaboración donde intervienen corporates, startups, hubs, administración, centros tecnológicos e inversores.

Transferir implica convertir una conexión en un proyecto, y un proyecto en una solución desplegada. Implica pasar del interés inicial a la prueba de concepto, y de ahí a la adopción real.

Por eso foros como Transfiere son relevantes: porque permiten alinear estrategia, demanda y capacidades en un mismo espacio. Pero el verdadero impacto no ocurre en el evento, sino en lo que sucede después: en cómo se estructuran esas conexiones para que generen resultados medibles.

Comunidad local, mentalidad global

Uno de los grandes aprendizajes en innovación abierta es que lo local y lo global no compiten: se necesitan.

El territorio aporta confianza, cercanía, conocimiento sectorial y acceso a entorno real. Sin proximidad, es difícil prototipar rápido, validar con industria y generar aprendizaje acelerado.

La dimensión global aporta mercado, estándares, partners y capital. Sin esa mirada, muchos proyectos se quedan en piloto o no alcanzan escala suficiente para ser sostenibles.

El reto no está en elegir una dimensión u otra, sino en diseñar comunidades que combinen ambas desde el inicio. Raíces en el territorio, visión abierta al mundo.

El territorio como tractor (cuando hay método)

Un territorio no se convierte en referente innovador solo por tener talento. Lo hace cuando dispone de mecanismos claros para transformar talento en soluciones reales.

Eso implica tres capacidades fundamentales:

  • Generar retos concretos desde la industria y la administración.
  • Orquestar la colaboración entre universidades, centros tecnológicos, startups y empresas consolidadas.
  • Cerrar el ciclo con pruebas de concepto, pilotos y contratos.

En nuestro entorno vemos cómo grandes compañías como Gonvarri, Aciturri, Hiperbaric, Nicolás Correa, Antolín o Grupo CROPU participan en dinámicas de prueba de concepto con startups. Cuando la conexión está bien diseñada y hay acompañamiento, la transferencia ocurre y genera aprendizaje para todas las partes.

Innovación de proximidad: velocidad y ejecución

La innovación de proximidad no es solo una cuestión geográfica. Es una cuestión de confianza, lenguaje común y capacidad de ejecución compartida.

Cuando una startup puede validar su solución en un entorno industrial cercano, el aprendizaje se acelera. Se reducen fricciones, se detectan antes los riesgos y se ajusta mejor el modelo de negocio.

La proximidad, bien gestionada, multiplica la velocidad de transferencia. Pero debe ir acompañada de una visión de escalabilidad desde el inicio: métricas claras, integración técnica y estrategia comercial.

El riesgo del “piloto eterno”

Uno de los grandes retos del ecosistema innovador es evitar que los proyectos se queden en fase de prueba. Muchas veces la tecnología funciona, pero no existe un camino claro hacia la adopción.

Escalar requiere algo más que un sponsor de innovación: necesita un dueño de negocio, criterios definidos para avanzar de fase y alineación financiera desde el principio.

La transferencia real se reconoce por evidencias: adopción, contrato, despliegue y continuidad. Sin esos elementos, la innovación se queda en ejercicio experimental.

Conectar ecosistemas para cruzar fronteras

Para que un territorio no se vuelva endogámico, necesita nodos de conexión que amplíen horizontes y abran oportunidades.

Programas impulsados por ICECYL, como Wolaria, permiten enlazar los ecosistemas provinciales con redes nacionales e internacionales. Esa arquitectura evita islas de innovación y facilita que los proyectos nazcan con vocación de crecimiento y expansión.

Conectar provincia, región y Europa no es una cuestión institucional; es una estrategia de competitividad.

De la conversación a la acción

La innovación abierta no consiste en acumular eventos, sino en diseñar mecanismos que conviertan conexiones en proyectos reales y sostenibles.

Transfiere es un punto de encuentro estratégico dentro del calendario de febrero. Pero el verdadero reto empieza después: activar retos concretos, ejecutar pilotos con método, acompañar el escalado y conectar el territorio con el mundo.

Esa es también la lógica en la que trabajamos desde POLO positivo: comunidad, método y ejecución. Porque la innovación no va de saber más, sino de estar mejor conectados y, sobre todo, de hacer que esas conexiones generen impacto tangible.

Por ello, trabajamos para potenciar la innovación abierta con programas como DESAFÍO industrial. Esta iniciativa identifica propuestas, soluciones a problemas reales, necesidades y retos planteados por nuestras empresas promotoras que apoyamos técnica y financieramente para llevarlas a cabo.